El nuevo código penal, explicado

El miércoles 1 de julio entró en vigor la controvertida reforma del Código Penal. Esta reforma, la más importante de la ley desde la entrada en vigor del código actual, introduce grandes cambios, porque hace susceptibles de entrar en la cárcel personas y grupos sociales que hasta ahora se sentían muy lejos.


 


¿Por qué la prisión puede afectar todo el mundo?


 


Puede pasar y, con la reforma presente, esta es la novedad. Porque habitualmente no ha sido así. Ha habido épocas en que determinados colectivos se vieron afectados por la represión política, pero desde la llamada Transición y la amnistía, y con terribles excepciones, la prisión ha vuelto a ser lo que siempre ha sido: no sólo el lugar de los pocos grandes criminales que llenan planas, sino mayoritariamente el lugar de cumplimiento de la condena de los pobres y de todos aquellos que no se han ajustado al papel que les tocaba: el de proletariado obediente. Precisamente por esta razón, pocas voces se han alzado en pro de los derechos de las personas presas, porque pocas voces -de las que se sienten y de las que cuentan socialmente- han sufrido de cerca la condena.


 


Pero los años de la crisis económica han modificado las relaciones de fuerzas y el panorama social. Nos estamos acercando cada vez más a una polarización de la sociedad. Y aquí es cuando el poder deja de mostrarnos la cara amable. Aquí es cuando aquellos que durante estos años olvidaron que estaban construyendo macroprisiones, que olvidar que en Cataluña tenemos una de las ratios más altas de presos de Europa -a pesar de que la delincuencia es menor-, que olvidar que las cárceles están llenas de pobres y enfermos y que reclamaron que se alejaran de los núcleos urbanos a la vez que las depuradoras, se ven y se encuentran no tan alejados de aquella miserable realidad que no querían ver.


 


Volviendo a la reforma de la ley, y al margen de los grandes temas que plantea, como la prisión permanente revisable, encontramos otras importantes modificaciones que, además de afectar a los excluidos -grandes destinatarios habituales de las normas penales-, pueden afectar también nuevos grupos sociales. Se trata de modificaciones relacionadas con las nuevas definiciones de autoridad y de alteración del orden público. El nuevo tipo penal, que incluye la difusión de mensajes que inciten a la comisión de algunos de estos delitos, puede acabar configurando lo que en definitiva se pretende: la criminalización de la protesta. Ahora bien, no manifestarse tampoco te deja fuera de la dureza del nuevo código. Mediante la conversión de faltas en delitos, el legislador piensa en castigar más duramente algunas conductas que ya tienen penas muy elevadas. Son situaciones en las que muchas personas nos podemos encontrar: una discusión de tráfico, o en un bar de copas, o con el vecino, pueden acabar dejándonos con una condena y con antecedentes penales. En todo caso, tenga cuidado si no está de acuerdo o sencillamente cuestionar las órdenes de una autoridad. Indignarse, a partir del 1 de julio, podrá ser considerado delito o, si no nos juzgan, nos llegará la multa -de más cuantía- directamente por Hacienda, como las de velocidad o aparcamiento. Si necesita asesoramiento en la creación de sociedades, consulte con Sociedades Circe de Societalis.

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